Lascia un commento

El reino en el patio


10.11.2005

El patio es hoy, en mi mente, lo que solía ser: tierra marrón y un enorme árbol de limón en el centro, colocado allí como para indicar el centro del mundo.

Para mí, este patio es también un antiguo castillo, en realidad hecho solo de muros marchitos de ladrillos rojos, coronados con vidrios rotos que apuntan hacia el cielo para evitar que entren los ladrones. Estos muros aún están bajos en estos años y ayer descubrí que subiendo por el lavadero puedo ver más allá de mi reino, es decir, el jardín de los vecinos con el aguacate en el centro (años después, a medida que el árbol crezca, su generosa fronda nos prodigará con decenas de enormes aguacates que durante innumerables temporadas caen en nuestro patio).


Las tejas que sobraron de la renovación del antiguo cobertizo, ahora abandonadas en un rincón remoto, son a su vez un castillo donde encuentran refugio lagartos de color incierto, extrañas cucarachas albinas y culebras negras muy pequeñas, los cuales salen a la luz cuando jugamos a las canicas con mi hermano o movemos una piedra en busca de fósiles maravillosos.

Una vez, creo que en la primavera de 1982, el volcán cerca de nuestra casa, llamado “Chichonal”, enloqueció y arrojó cenizas de tripas quemadas durante cuatro días. El castillo se puso blanco y fui a explorarlo, envuelto en una capa mágica que me protegía de ese falso invierno que no hacía frío.

Durante la temporada de lluvias, el patio se convierte en un mar interior: en los peores días de tormenta, ¡hasta cinco carabelas de papel se hunden sin salvación!
Agua sobre mi cabeza y agua bajo mis pies, esta tarde sobrevivo solo en el diluvio. Por la noche mi madre, ajena a mis aventuras náuticas, me mira preocupada mientras me toca la frente: me duele la garganta.

Hoy, en otros recuerdos míos, hemos ido con mi madre a comprarme zapatos nuevos. A mi regreso salgo a dar un paseo por el patio del castillo. ¡Que todos miren mis orgullosos pies, tan elegantes! Pero me gustaría agradecer a mi madre por este regalo, ¿cómo hacerlo? Tengo una idea que sin duda le agradará. El castillo está en desorden y hay que arreglarlo un poco.
Mi padre solía decir que en las casas de antaño, las que todavía tienen piso de tierra, se acostumbraba rociar agua antes de barrer, para no levantar el polvo con la escoba. Consciente de esa enseñanza, tomo la cubeta y echo agua en todas partes. No estoy satisfecho: creo que un balde no es suficiente. Mientras tanto, otro pensamiento importante me asalta: quién sabe si algún animal extraño se esconde en un rincón tras las vigas de madera podrida o detrás del montón de tejas…

De hecho, mi madre me encontró así: cazando lagartijas, todo sucio, con dos tejas en la mano y con los zapatos nuevos completamente sumergidos en el lodo, todo esto durante un hermoso y seco día de verano.

1 Commento

Primavera

Quando sboccian uova bianche al tegamino
mi ricordo la promessa che s’avvera.
È finita qui l’attesa, nel giardino:
questo inverno si trasforma in primavera.

6D43DB51-BA45-41E5-A4FD-F954B3DC261C.JPG

1 Commento

He visto.

6F22D61B-8672-4059-8ED3-1FE16E9F24CC

He visto un verde eterno que no conoce invierno, hecho de jungla, de manglares, de árboles gigantes, de raíces salvajes que excavan y destruyen, que beben de internos manantiales.
He visto una tierra antigua, a veces cansada pero nunca indigna. Tierra de hombres, que hacen de una frágil barca la esperanza que navega en el mar de sus errores.
He visto un campo de estrellas, purísimo y velado, surcando el cielo oscuro y sin doncella sobre un mar brillante y estrellado.
He visto océanos, olas grandes, arena negra vomitada desde el centro de la tierra, y un mar que en mil espejos de esmeraldas se refleja.
He visto un curso de agua, largo y majestuoso, que excavó orillas en la roca milenaria, sin reposo, para hacer de ella hogar de los caimanes, y los monos, mariposas y faisanes.

Y he visto la lluvia… esa lluvia tibia, gotas grandes y esparcidas que, en la tarde de ese cielo color ámbar, huele a tierra humedecida.

He visto la puerta, la ventana, el retrato de la abuela y la llave de la casa, y la calle que lleva al centro de la plaza.
He visto los sabores antiguos, los aromas de siempre, el café de la mañana y la cocina, el agua de limón que nos quita aquella sed más fina.
He visto la hamaca, el sol y el sombrero. El polvo de los libros, la noche en vela buscando en el librero.

He visto un hermanito convertido en hombre; fuerte como un roble, corazón de niño simple, grande y noble.
He visto un padre con mil gestas silenciosas, de memorias honestas y gloriosas, y le rindo honores, pues es pilar de mis valores.
He visto una dulce madre, sabia y amorosa, que aún hoy día sigue preguntando cómo ser mejor en cada cosa.
He visto tíos, primos y parientes, toda abrazos y sonrisas es mi gente, con tristezas escondidas y el amor de estar presente.
He visto un pueblo en la montaña, hacía frío. Cediéndome su abrigo me enseñó un compañero a ser un buen amigo.

He visto una vida que era mía y que, aún distante, en cierta forma, siempre lo será.
He visto un corazón que llora y ríe y que explora el misterio de lo que vendrá.

He visto, he visto tanto, y mi vista aún no se cansa ni se vicia. Porque dos ojos no me bastan, ni una vida, para ver tanta maravilla.

Lascia un commento

Las horas pequeñas

En esta hora de la noche, cuando la luna ilumina a los últimos sobrevivientes, los ruidos de la guitarra y los de la casa vieja se confunden. Todo se mezcla, como queriendo dar a luz unos versos tranquilos y sin rumbo.

41A28774-779A-4396-B5D5-DB0D18259798.JPG

Lascia un commento

#life

Seguramente ya lo sabes:
estás hecha del material con el cual está hecha la tierra. La cual, a su vez, nació en el centro del sol, que a su vez se formó de una gran nube de polvo en el centro del universo.
Así que de noche, cuando levantes la mirada al cielo, recuerda que estás hecha de polvo de estrellas y que cada átomo de tu cuerpo nació con el nacimiento del mismo universo.
Tu cuerpo, con el cual andas por el mundo, un tiempo fue parte de un árbol, de un soldado, de un pajarito o de un dinosaurio. Y antes de eso fue parte de otro árbol, de una piedra o del mar.
Y dentro de muchos años, cuando ya no estés, seguirás viviendo en el aire, en los árboles o en el agua que beben los animales. Y serás eterna.
Y recuerda también que cada cosa, cada pensamiento, cada palabra y cada acción que hayas hecho, se quedará para siempre. Haz siempre el bien y tu bondad se quedará para siempre. También de esa forma eres eterna.
6CB8466D-4695-4B54-B6C4-2CB9707681F2.JPG

Lascia un commento

De Riccio

Se lo vedi da lontano
corre svelto nel giardino
ma se tu gli vai vicino
or s’arresta piano piano.

Quando l’ombra è gran sovrana
lui con essa si confonde
ma dall’alba si nasconde
tutto il giorno nella tana.

Mangia tanto e mangia sano
ogni verme ben atteso
e raggiunto un certo peso
lo si regge appena in mano.

È arrivato il crudo inverno,
lui sen va alla tana austera.
Lo disegno nel quaderno,
ci vedremo in primavera.

Non aver per vero niente
è una legge della vita;
cogli l’attimo sfuggente:
non tenerlo fra le dita.

Ora dorme qui vicino
e s’è fatto il suo capriccio.
Nella reggia del giardino
lunga vita a questo riccio!

 

IMG_6270.JPG

Lascia un commento

Autunno

Oggi ho visto un pezzo di cielo
caduto in un giardino
a un lato del sentiero.

Che colpo, che spavento
questo firmamento
che dava fuoco alla terra!

Poi ho guardato meglio:
era un albero furbo
travestito da tramonto.

(e da mistero)

ottobre 25, 2009

 

IMG_6169.JPG

Lascia un commento

Un disegno

Esco dalla porta.

Cosa vedo questa sera:

una luna, è quella sfera

un po’ contorta.

Accanto ad essa pure un pino

in basso al cielo cristallino.

E dietro al pino un po’ di stelle

appese al nero firmamento.

Ma, ahimè, io mi accontento

non sapendo fare quelle.IMG_6228.JPG

1 Commento

Una lettera

E., come stai? Scusami se ti scrivo soltanto ora. Il giorno della mostra ho ricevuto la notizia di un lutto familiare ed ero un po’ sconvolto. C’erano tante persone e ho preferito “fuggire” dopo un po’ senza riuscire a salutarti. Non sono uno di grandi moltitudini.

Vorrei con sincerità complimentarmi con te. Ho visto dei lavori stupendi. Non ho, con grande probabilità, un occhio allenato, ma so ascoltare ciò che le immagini mi dicono. L’ultimo quadro era bellissimo. Quello dietro al critico d’arte che inutilmente ha presentato le tue opere. Una camera al buio. Probabilmente le ore piccole in un appartamentino a Parigi? Quell’immagine mi ha trasmesso molto; esserci davanti ha fatto sì che tutto valesse la pena. Mi ha fatto tornare ai tempi dei miei studi in conservatorio. A quel periodo in cui scrivevo e studiavo 12 ore al giorno per la tesi. Ad un certo punto, a notte fonda, alzai gli occhi dal compendio sulla vita e le opere di J.S. Bach e, in quel preciso istante, tutto ebbe un senso. O quasi. Perché, come scrissi allora, “la cosa che fa impressione è che a quest’ora assurda, seduto in camera mia davanti al Frau Musika, di colpo mi ricordo che oltre a questi miei poveri sensi, oltre a questa luce da lampadina sporca, questo finto caldo da termosifone, questa quiete senza gatti, oltre a questi occhi, questa pelle, questo udito, questo io scarso, c’é il resto di tutte le cose. E io non lo so.”
Ecco, ho provato la stessa cosa vedendo quel tuo quadro e ho sentito che anche tu fossi alla ricerca di un grande senso. Ti auguro di avere risposte. Ti abbraccio forte.

Lascia un commento

Rumbo al infinito.

De niño me preguntaba cómo era posible que una misma persona hubiera podido hacer sola tantas cosas en su vida. Había estado en Japón, había hecho todos los trabajos del mundo, leía libros en inglés y siempre estaba viajando. Si cierro los ojos ahora puedo volver tranquilamente a uno de los recuerdos más bellos de mi infancia, en el cual lo encuentro a él afuera de mi escuela, esperándome.
Vivía en Guatemala y una vez al año, sin decir más, tomaba sus cosas y cruzaba la frontera. Viajaba a la Ciudad de México para ver a sus hermanas, mis tías, pero siempre tenía tiempo para quedarse unos días con su familia del sur. ¡Qué hermosos días, cuanto mi tío Ángel estaba en casa! Hablaba de lugares remotos, de aventuras y de gentes. Con mi padre se quedaba hasta altas horas de la noche, sentados los dos en la mesa. “Pero Joaquín, ¿cómo vas a creer?” rebatía, hablando fuerte de política, y planeaban los dos cómo cambiar el mundo. Yo los escuchaba.
Hacía también unos dibujos hermosos a lápiz, algunos eran desnudos femeninos. Esos me los mostraba mi tío Eloy. Los sábados con discreción se ausentaba toda la tarde. “¿A dónde vas, tío?” le pregunté una vez. “A la logia, mijo”, me respondió.

No logro imaginar a mi tío Ángel sin una maleta en la mano o sin su libro; con sus pocas cosas para el viaje o con las muchas para su venta. Hombre de mil oficios, incansable, que desde muy joven supo entregar su vida al trabajo duro y honrado. No terminó la educación primaria, pero sabía muchísimo, incluso más que mi padre, el hombre más culto del mundo. Y fue él quien me regaló el libro más amado de mi infancia: el de las Tierras vírgenes, de Rudyard Kipling.
Recuerdo que lo encontré una vez en la puerta de mi escuela, ya en la secundaria. Había llegado esa mañana de Guatemala y había ido por mi. Con una moneda de un peso me compró una coca fría de la máquina expendedora recién instalada. En el calor de las dos, en la alegría de ese encuentro inesperado, me quité la sed y me sentí feliz.
Lo conocía mejor, sabía ya que al día siguiente, muy temprano, se habría ido a San Fernando a saludar unos viejos amigos y a vender su mercancía. Cada día en un pueblo y en un mercado distinto, hasta el día en que se marchara a la Ciudad de México y de ahí de nuevo a Guatemala.

Me gustaba escucharlo hablar, con sus palabras raras de otras tierras. Decía “petacas”, no maletas. Y decía “pesero” en vez de camión (por mucho tiempo pensé que se refería al hecho de ir todos juntos, apretados, como en una pecera; más tarde supe que el nombre se debía al tiempo en que un viaje en el colectivo costaba un peso).
Recuerdo también otro momento especial, imborrable. Yo más grande, ya estudiante de música. Hablaba al teléfono con mi novia de ese entonces. La quería mucho. Era de noche y afuera llovía a cántaros. Tocaron a la puerta y el sonido me fue familiar. “Te hablo después, ¿sale?” y colgué. Mi tío Ángel había llegado de sorpresa y me sentí doblemente feliz.

Más adelante me vine a Italia y mis encuentros con él se hicieron más raros.

Lo vi por última vez en su casa, en Guatemala, hace casi diez años. Era un viaje desde hacía tiempo para mí obligado, el de verlo al menos una vez en su tierra, con su gente. Recuerdo que pasé días rodeado de amor y de cariño y me sentí también ahí como en casa (También mi tío Rualdo y todos los demás son personas maravillosas: si van a Guatemala tienen que conocerlos).
Una mañana acompañé a mi tío Ángel al mercado, a su trabajo. Tomamos un camión viejo como el mundo y atravesamos juntos el estruendo de la gran ciudad. Recuerdo mil sentimientos encontrados, lleno de cariño hacia él, viéndolo ahí, viejo y un poco más frágil, de pie en las curvas a gran velocidad, sosteniéndose fuerte para no caerse y sosteniendo en sus hombros el peso de una vida que empezaba a ser larga.
En el mercado todos le saludaban y le sonreían con respeto y yo me sentía orgulloso de ser su sobrino. Le tomé una foto, que para mí es la foto del amor hecho persona.

Claro que me duele saber que ya no está, pensar que no volverá a llamar a la puerta, que mi madre no me dirá más: tu tío está aquí, con nosotros, llegó esta mañana. Pero mi mensaje para los que quedamos es ciertamente otro: Ángel fue libre como pocos, hizo con su vida lo que quiso y en cada lugar en el que estuvo supo donar su cariño y un poco de su gran humanidad. Vivió mucho y vivió feliz. Al menos así es como lo recuerdo y creo que deberíamos quedarnos con ese gran regalo y con su ejemplo.
Me lo imagino ahora, con sus petacas llenas de mercancía, con su libro en otra lengua, con su sombrero de siempre, con sus dibujos y con sus mil historias en tierras lejanas. Me lo imagino en su último viaje, esta vez rumbo al infinito.

De niño creía que mi tío Ángel nunca se iba a morir: ahora sé que tenía razón.

1935380_1219657135295_966737_n

 

Lascia un commento

Un cuento

Tenías razón cuando decías que era un cuento. Uno bonito, breve e intenso como los que cuentan a sus niños las gentes del mar. Pero solo un cuento, al fin y al cabo. Yo no supe escucharte; buscaba la voz del mar en una caracola.
Que seas tú ese cuento, entonces. Uno bonito que hable de gentes y de mares, de barcas y naufragios, de tierra firme sano y salvo. O un librito de segunda mano comprado en el bazar de antaño. Uno con muchos cuentos para niños, uno que se lee una vez en la vida o uno que tal vez no haya de leer nunca.

Avevi ragione quando dicevi che era un racconto. Uno bello, breve e intenso come quelli che ai loro bambini racconta la gente del mare. Solo un racconto, però, in fin dei conti. Io non ho saputo ascoltarti; cercavo la voce del mare in una conchiglia. Che sia tu un racconto. Uno bello che parla di gente e mari, di barche e naufragi, di terraferma, sani e salvi. O un libro di seconda mano comprato in un mercatino delle pulci. Uno con molti racconti per bambini, uno da leggere una volta nella vita o uno che si potrebbe non leggere mai.

07.2016

IMG_7621.JPG

Lascia un commento

¿Hoy has visto las montañas?

Desde el tercer piso del edificio naranja que da hacia la plaza me parecen menos lejanas. Se ven bien así: en los días de sol en que amanecen blancas, como vestidas para sus nupcias, me gusta caminar a casa, cansado por la noche, con el rostro descubierto. El aire frío me despierta la cara, me hacen pensar en la leña, la estufa y la cocina, en las largas noches de invierno frente al fuego.

Hace rato, mientras veía por la ventana, pasó una pareja de jóvenes enamorados: también ellos se detuvieron a contemplarlas.

Entre las torres y las tejas las observo, silenciosas. Son discretas: siempre están ahí. Me pregunto si un día, al amanecer, se irán definitivamente.

Me gustan las montañas; me recuerdan, en los días de frío, que no hay invierno que no se transforme in primavera.

IMG_2018.JPG

 

Lascia un commento

Felicità

IMG_5692

 

Felicidad

Una abejita se posa
sobre el botón de una rosa
lo chupa y luego se va
después de todo la felicidad
es una pequeña cosa.

Felicità

C’è un’ape che se posa
su un bottone de rosa
lo succhia e se ne va
tutto sommato la felicità
è una piccola cosa.

Trilussa
(Roma 1871-1950)

 

Lascia un commento

Hai ku

IMG_3304.JPG

 

Invierno:
no hay alas
entre las ramas.

2016

 

 

 

 

Lascia un commento

Nana de la musa ausente

fullsizeoutput_f16

 

Nana de la musa ausente

que entre sueños se demora,

que es presencia en mi deshora

y es ausencia en mi presente.

 

Es eterna inspiradora

de mis cantos y poesìas;

de mis llantos y alegrìas

es la dulce narradora.

 

Ríe y nace en sus canciones,

en las sombras me sugiere

las palabras y oraciones

y en las sombras ríe y muere.

 

Es preciso que yo diga

que no piense que ella calle

en silencio ese detalle,

que en silencio me maldiga.

 

¡Ay de mí, dulce lamento!

Duerme ya, duerme serena:

tu silencio es mi condena

y tu ausencia mi tormento.

 

 

 

 

 

Lascia un commento

Di treni, destini e avventure

IMG_0252

Conservo, salda nella memoria, un’immagine che vidi molti anni fa in un libro per bambini: la fotografia aerea di una stazione ferroviaria.
Ricordo che mi fece impressione vedere l’enorme quantità di binari che, entrando in scena nella foto, si avvicinavano sempre di più fra di loro, fino a intrecciarsi, per poi allontanarsi di nuovo, prendendo ognuno una direzione diversa.
Ogni binario un treno. Ogni treno tante persone. Ogni persona un destino diverso. Uno solo, realizzato fra un numero infinito di combinazioni.
Nella mia mente alcune persone arrivavano finalmente a destinazione dopo un lungo tragitto; altre proseguivano ancora verso posti ignoti; altre cominciavano qui il loro cammino.
Diventavo un po’ malinconico pensando a tutte le possibilità mancate. In due treni diversi si trovano, ad esempio, coloro che, per affinità di spirito, avrebbero potuto essere i migliori amici del mondo, se soltanto si fossero conosciuti. Un treno arriva mentre un altro parte e una bellissima storia d’amore non si compirà mai: i due protagonisti, ignari della loro triste situazione, guardano ognuno dalla finestra, fissando il treno che si muove in direzione opposta.
Fra infinte soluzioni soltanto una s’avvera; tutte le altre svaniscono nel nulla. Come sapere se era questa la migliore?
Anni dopo, quella stessa fotografia mi servì ancora per comprendere altre cose.

 

 

Lascia un commento

I giorni del campanello

fullsizeoutput_62b

Ebbi un giorno, in dono, un bel campanello rosso da fissare sul manubrio della bici. Erano tempi incerti, di domande prive di risposte, e incerti erano pure i miei amici che non riuscivano a capire se quel campanello fosse un pomodoro o una fragola. Fatto sta che, col suo nuovo accessorio, la mia bici diventò presto la più famosa della città.

Era bellissimo il campanello rosso. Quando squillava tutti si appartavano e arrivavo in tempo al lavoro. Poi, grazie a lui, tutti sapevano sempre dove trovarmi: bastava vedere la bicicletta parcheggiata fuori.

Arrivò l’inverno, poi la primavera. Poi l’estate, l’autunno e di nuovo un altro inverno. Con lo scorrere del tempo arrivò la grande impermanenza che trasforma tutte le cose del mondo, perfino quel vecchio dolore.

Un giorno uscii di casa. Faceva freddo ed ero affrettato. Notai senza troppa importanza che il vecchio campanello s’era sbiadito. Era pallido; aveva perso molto del brillante rosso d’altri tempi.

-è vecchio, pensai. Casca a pezzi.

Passarono di nuovo i mesi. Le stagioni si susseguirono e freddo e caldo batterono inclementi sulla mia bicicletta e sul suo ormai vecchio campanello pomodoro-fragola.

Una mattina d’aprile mi svegliai presto per andare a scuola. Ero affamato di caldo e di primavera e le giornate sempre più lunghe facevano crescere dentro di me la speranza. Lucidai lo specchio, poi presi distrattamente la vecchia bicicletta. Era una mattina particolarmente fredda. Cominciai a pedalare e pensai piano, fra me e me: “se cadesse la neve ora avrebbe il colore di questo campanello”.

Mi fermai di colpo.

Riflessi su ciò che avevo detto e guardai di nuovo il campanellino. Pioggia, freddo e sole avevano cancellato, inesorabilmente, ogni traccia di colore. Era bianco, come la neve sopra le montagne, di un bianco purissimo, che non è assenza di colore, ma che è rosso fragola, verde foglia, e tutti i colori del mondo messi insieme nella giusta proporzione.

Provai a suonarlo. Il tintinnio era dolcissimo e all’improvviso si fece una luce dentro di me.

Il mio buon vecchio campanello mi aveva donato, a mia insaputa, una fra le più belle lezioni che mai avessi ricevuto sulla vita, sull’amore.

Guardai verso le montagne. Pensando a tutte queste cose ripresi a pedalare verso la scuola ed ebbi un sorriso sereno per il resto della giornata.

 

Lascia un commento

Campus stellae

Accadde quella notte che mi ritrovai, per caso, a essere meravigliato astronomo.

Ricordo che giocai a contar le stelle, a toccarle con le dita. Giocai a essere dio, a tracciare linee, a unire punti. Nuove costellazioni apparirono sotto le mie mani. Io cercavo di imprimere nella mia mente quella bellissima mappa del cosmo fatto donna, quel campus stellae.

Ieri invece pioveva sulle strade vuote della città. Non rimaneva, nella notte senza luna, che la rivelazione tenue delle ombre fra le ombre.

Dov’è ora il cielo, dove sono quelle stelle? Mi chiedo se potrò sfiorarle ancora. Se anch’io potrò vantarmi un giorno di esser uscito a rivederle.

img_0279

1 Commento

Antes de que cese resuelta
la luz de un bonito dìa
busca tomatito la vuelta
a tu bella casa, la casa mía.

fullsizeoutput_62b

Lascia un commento

Otros puntos.

No sé si sea por inocencia o por arrogancia pero suele suceder que uno llegue a creerse dueño de sus propios poemas.

Uno escribe. Un verso, una frase o un poema entero. Algo en prosa poética. Algo que vagamente contenga un poco de poesía. Algo que uno relea y corrija un poco dándole una forma y un tiempo. Algo que uno, acto seguido, mire satisfecho mientras agrega convencido un punto final y piensa: “he aquí mi creación”. O eso es lo que uno cree, porque en el momento en el que concluimos un poema, este ya no es nuestro. No nos pertenece más porque adquiere vida propia.

En realidad, el misterioso caso de los poemas vivientes no siempre se verifica o no siempre es igual: esto depende de cómo se conciben y cómo han sido concluidos. Más allá del punto y seguido, del punto y aparte y del punto final, creo que las reglas de nuestra ortografía contemporánea se han olvidado de inventar un signo de puntuación adecuado para estas situaciones. Siendo en estos tiempos particularmente urgente el problema de los poemas vivientes, me he permitido teorizar un nuevo signo: les presento el punto a cambiar.

El punto a cambiar se hace necesario en ciertos casos graves de poesía. Bajo ciertas circunstancias, en el preciso momento de cerrar un verso, este se hará vida propia y decidirá por sí mismo su suerte. Dependiendo de su elección permanecerá un tiempo inalterado o se desarrollará según las circunstancias futuras. Puede llegar incluso a transformar radicalmente su sentido original. Esto sucede, claro está, de acuerdo también a la específica naturaleza del poema en cuestión. Hay poemas nuevos, poemas antiguos y poemas nuevos que nacieron viejos. Poemas de siempre y poemas de nunca. Poemas que solo corresponden a un cierto momento de la existencia y poemas que lo acompaña a uno, eternamente, en el presente. Estos últimos, los poemas del último segundo, son los más terribles. Son los que se quedan, los que no se van nunca. Los que caminan con nosotros, paso a paso, para seguirnos contando, implacables, el inexorable transcurso de nuestras horas. Son espejos terribles cuyos versos requieren con urgencia la clasificación de la nueva especie ortográfica que hoy les vengo precisando y requiriendo.

Háganme saber pronto, señores de la lengua, su respuesta. El tiempo apremia y los versos se me vuelan libres de las manos, incluso antes ya de terminarlos.

(a Linguamater)

1 Commento

Poeminìmo de un dìa de julio

Me acerqué
a tu alma
buscando
una caricia.
De tu mano
dulce cayó
la nostalgia
de Dios.

(2012)

Lascia un commento

12.08.15

Llevaba un rato dormido cuando, entre sueños, sentí que algo caminaba sobre mi cuello. No entiendo cómo es que no reaccioné violentamente, sino que fui abriendo los ojos poco a poco, como si supiera que no era nada peligroso. En realidad me desperté completamente cuando sentí un saltito brusco de mi cuello hacia la cama. Tardé unos 30 segundos en acostumbrarme a la oscuridad y reconocer a la mantis en su elegante forma verde. Menos mal que todo fue así, poco a poco, porque de lo contrario tal vez la hubiera matado de un manotazo por el susto. Estuve como una hora viéndola caminar de las sábanas hacia el libro de Borges. Confieso que sentí agradecimiento por ella, porque me hizo realmente una buena compañía con su ser pacífica y con su cabeza giratoria que seguía el movimiento de mi dedo. Llegué, de repente, a preguntarme si estos insectos son símbolo, en alguna cultura, de un buen presagio o de una mala noticia, y hasta esperé secreta y supersticiosamente que no hubiera muerto nadie. Finalmente me ganó el sueño, así que le tomé una foto y la dejé en un lugar seguro en el piso.
Por la mañana, en cambio, supe que la mantis representa el recuerdo de un ser querido, porque cuando desperté seguía allí, como tú, en mi habitación.
Lascia un commento

De Conejo

206308_1037811229261_3464_n

 

Il coniglio ha fame: cerca le carote.
sulla Terra gratta, salta e lascia impronte.
Luna Tonda splende oggi come un sole,
ma il Coniglio con le ombre si confonde.

“Non le trovo le carote. Son nascoste?”
chiede a un Albero che non risponde.

(Una volta in lingua verde ci parlava, tanto tempo fa.
Ora tace -silenzio vegetale-, ma il Coniglio non lo sa)

Non cercare piú queste carote, per te non c’é nessuna.
torna a casa prima che esca il sole, Conejo de la Luna!

 

 

Conejo tiene hambre: en la luna nada crece.
A la Tierra baja, rasca y huellas hunde.
Luna llena como un sol hoy resplandece,
mas Conejo con las sombras se confunde.

-“Zanahorias yo no encuentro, dónde han ido?”
Pero el árbol frente a él no ha respondido.

(Alguna vez en lengua verde nos hablaba, tiempo otrora.
En silencio vegetal ahora calla, mas Conejo esto ignora)

Ya no busques zanahorias, para ti ya no hay ninguna.
¡Vuelve a casa antes del alba, Conejo de la luna!

(A A.)

Lascia un commento

188, à Sophie

È risaputo da tutti come il grande Diderot avesse scritto lEncyclopédie con la segreta intenzione di suggerire, attraverso le sue 1500 voci e finti rimandi a piè di pagina, alcune delle idee che avrebbero portato gli uomini al sorgere della più famosa rivoluzione di tutti i tempi.
Molto meno conosciuto è il rapporto amoroso e perlopiù epistolare che lo scrittore mantenne con l’enigmatica Sophie, di cui poco si sa oltre al fatto che fosse magra, portasse gli occhiali e avesse una conoscenza della filosofia tale da destare nel suo amico la più profonda ammirazione.
E ancora meno nota è la lettera, ora numerata 188, scritta da Diderot nell’inverno del 1774 ma rimasta sconosciuta al mondo per ben oltre 200 anni. Infatti questo documento fu scoperto solo negli anni settanta, durante i lavori di restauro del mobiletto in cui Sophie custodiva la corrispondenza ricevuta presso la sua tenuta nell’Isle-sur-Marne.
Smontando i pannelli di legno della scrivania fu trovato un compartimento segreto in cui la donna teneva gelosamente alcuni fra i suoi più pregiati tesori. E lì dentro fu trovata, incastrata fra i pannelli, un’ultima epistola di Diderot, rimasta fuori dal catalogo che ne contava appunto 187.
Le dure condizioni ambientali a cui è stato sottoposto il mobiletto, abbandonato per anni in qualche magazzino delle periferie di Parigi, hanno reso in gran parte illeggibile questa lettera, con eccezione di qualche punto isolato.
In una delle poche righe dove la bellissima calligrafia di Diderot è rimasta intatta, si legge ancora quello che da alcuni è già considerato il suo testamento amoroso. Ci colpisce quest’altra lotta, più intima, di un uomo che oltre ad aspirare alla libertà della sua nazione, anelava anche a quella del suo spirito.
“…e avendo davanti il durissimo Cammino, mia dolce Sophie, non ci resta che continuare a percorrerlo, con la vigorosa spinta di giungere un giorno al nostro destino. E se arriverà il momento in cui, consumate tutte le forze del corpo e del cuore, avremo consumato anche ogni speranza di veder la meta, non ci resterà che fermarci e tornare sui nostri propri passi, a cuor sereno, senza più guardare indietro verso la strada che dagli Dei non ci fu mai concessa. E forse solo ora, finalmente, troveremo la Grazia.”
diderota
Lascia un commento

188, à Sophie

Es sabido por todos que el gran Diderot escribió la Encyclopédie con la secreta intención de sugerir, a través de sus 1500 entradas y falsas referencias a pié de página, algunas de las ideas que conducirían a los hombres al nacimiento de la más famosa revolución de todos los tiempos.
Bastante menos conocida es la relación amorosa y sobre todo epistolar que el escritor mantuvo con la enigmática Sophie, de quien poco se conoce, a parte de que era delgada, llevaba gafas y tenía un conocimiento de la filosofía tan vasto como para despertar en su amigo la más profunda admiración.
Y aún menos famosa es la carta, ahora ahora numerada 188, escrita por Diderot en el invierno de 1774 y desconocida para el mundo durante más de 200 años. De hecho, este documento fue descubierto solamente en los setentas, durante la restauración del mueble en el que Sophie guardaba la correspondencia recibida en su finca en Isle-sur-Marne.
Desmontando los paneles de madera del escritorio se encontró un compartimiento secreto en el que la mujer celosamente escondía algunos de sus tesoros más preciados. Se encontró allí, encajada entre los paneles, la última epístola de Diderot, la cual permaneció fuera del catálogo que contaba precisamente 187.
Las duras condiciones ambientales en las cuales permaneció el mueble, abandonado durante años en algún almacén en los suburbios de París, arruinaron la carta, la cual quedó en su mayor parte ilegible, con excepción de algún fragmento.
En una de las pocas líneas en que la hermosa caligrafía de Diderot ha permanecido intacta, todavía se lee lo que ya está considerado por algunos como su testamento amoroso. Descubrimos así esta otra batalla, más íntima, de un hombre que ademas de aspirar a la libertad de su nación, anhelaba también a dar paz a su corazón.
“… Y teniendo frente a nosotros el difícil Camino, mi dulce Sophie, no nos queda más que recorrerlo, con la vigorosa determinación de llegar un día a nuestro destino. Y si llegase, en cambio, el momento en que, consumidas todas las fuerzas del cuerpo y del espíritu, habremos consumido también toda esperanza de ver la meta, habrá que detenerse y volver sobre nuestros propios pasos, con el corazón sereno, sin mirar más hacia atrás, al camino que los dioses nos negaron. Tal vez sólo ahora, finalmente, podremos encontrar la gracia “.
diderota
Lascia un commento

Quell’arciere formidabile

Image for Càntaro

Sarà che lei ci apre i sensi dello spirito. Sarà che ci predispone all’ascolto del più Bello. Non lo so. Resta vero, però, che il nostro primo incontro, circondato dalla Musica, è stato il più forte, forse il più duraturo. Rimassi colpito maggiormente di te ancor prima che tu mi notassi.

Guardavo distratto il cielo, ferma fra le mani la chitarra, quando arrivò il soprassalto.

Una freccia si ficcò profonda nel mio udito.

Mi voltai meravigliato per cercare quell’arciere formidabile le cui saette, terribili e bellissime, mi sfioravano, mi trapassavano ma non mi uccidevano. Preda sua, mortale, era il silenzio.

Lo sguardo tolto a scatto dalla finestra mi sommerse nel buio. Ci mise qualche secondo per tornare a vedere quel corridoio in penombra.

Ed ecco: in quelle tenebre antiche, incerta fra il mistero e la dolcezza, c’eri tu.

Bianchissima, diafana, nivea, come una madonna di altri tempi, resa omaggio mille volte dall’amor cavalleresco.

(Ho sognato anch’io in segreto, mi confesserò in futuro, di veder me stesso rispecchiato nei tuoi occhi, ombre pure della luna).

E ora io ti chiedo: qual figlia maledetta di un poeta amante del non dire, non stavi bene forse lì, nascosta nei tuoi tramonti in verso, al riparo della luce?

Non mi resta ora che Il bruciore di queste mia braccia ignoranti che, pur non sapendoti, son nostalgiche di te.

 

Lascia un commento

Una maschera

È finito lo spettacolo. Luci basse, silenzio sottovoce.

Dietro le quinte, una maschera stanca canta alla luna e all’amore.

Non un canovaccio in mano ma la chitarra dalle vecchie corde .

Vai a letto, Pierrot solitaire, che domani devi far ridere forte!

Lascia un commento

Meditatio

Eccomi al parco, in questo dolce calar del sole del primo inverno.

Caldo ancora dalla corsa, mi rivolgo verso la luce ambrata, accogliente, che mi abbraccia amorosa e mi protegge dall’aria fredda e dall’erba umida su cui sto seduto.

Chiudo gli occhi. Rallento il respiro e il frenetico motore dei miei pensieri inarrestabili.

Un accenno di pace arriva, delicato, dall’interno.
….quanto tempo è passato?

Apro gli occhi al tramonto tramutato in speranza. Vorrei sapere che sto andando lì, verso la pace vera dei cuori sprofondati. Che ho trovato, finalmente, la strada di ritorno a me.

Solo il tempo lo dirà.

 

Lascia un commento

Vivaldi

Ho da qualche giorno, in testa, un bel paessaggio musicale. è Autunno in questa strada alberata – potrebbe essere Parigi – circondata da ingenui, infiammati tramonti sui rami. Goccie di fuoco, inessorabilmente morenti, hanno ormai sepolto il marciapiede lontano. è appena piovuto e l'umidità si respira nell'aria.  Non so se la mia voce andrebbe al di là di me, se provassi a urlare forte, a cantare o ad invocare il mio destino.
Dietro a tutte le cose del mondo si cela il silenzio più puro, ma io non lo so ascoltare ancora.

Lascia un commento

Riflessioni senza titolo

…fino a quando lei, la famosissima Donna-più-colorata-del-mondo incontrò l’amore della sua vita… un daltonico.